La ribera del Jiloca

Morata de Jiloca recibe al visitante en la margen izquierda del río que le da nombre con los restos del que fuera un castillo de origen musulmán y con el deslumbrante titilar que provocan los rayos de sol reflejados en la cerámica de la fachada norte de la iglesia de San Martín de Tours, un imprescindible del mudéjar aragonés.

Tipológicamente esta iglesia pertenece al grupo de iglesias-fortaleza, presenta nave única y capillas entre contrafuertes, y está caracterizada por la racionalidad de su estructura y por sus elementos de forma sólida y sencilla.

Su fábrica mudéjar data de la primera década del siglo XV; la historia del edificio pasó por una reorientación a finales del siglo XVI construyéndose un nuevo presbiterio y quedando el original como coro a los pies de la iglesia.

La iglesia de San Martín de Tours

A simple vista puede verse que la iglesia de San Martín de Tours tiene una nave más amplia y de menor elevación que las iglesias mudéjares de esta tipología que hay en Aragón, pero su principal rasgo distintivo es el gran tapiz en el que se convirtió una de sus fachadas.

Decorada a base de ladrillo resaltado y cerámica polícroma en blanco y azul, llama la atención el gran número de modelos ornamentales utilizados: cruces de múltiples brazos formando rombos, fajas de esquinillas y arcos mixtilíneos sin entrecruzar se alternan con discos y azulejos formando estrellas de ocho puntas y cilindros.

Destaca también la portada, siguiendo patrones góticos pero interpretados magistralmente con el lenguaje de tradición mudéjar.

Todo ello hace que los duros años de la guerra fronteriza parezcan olvidados para dar paso a un espectáculo visual como sucede en la parroquieta de San Miguel de la Seo en Zaragoza, el hastial de la Virgen de Tobed o la desaparecida iglesia de San Pedro Martir de Calatayud.

En su interior, la iglesia de San Martín custodia el retablo del descendimiento, realizado en la segunda mitad del siglo XV, un magnífico ejemplo de pintura sobre tabla.

El patrimonio de Morata de Jiloca no se entiende sin su paisaje que sorprende por sus cárcavas, un modelado caprichoso de la naturaleza. Un agradable paseo por un sendero conduce hasta un mirador donde contemplar este fenómeno originado por la acción de la lluvia y el viento sobre el terreno de yeso en el que el río Jiloca ha excavado su valle.

Información

Ayuntamiento
www.moratadejilocaturismo.es

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Turismo de Zaragoza
www.turismodezaragoza.es
Centro de Estudios Bilbilitanos
cebilbilitanos.com
Asociación Torre Albarrana
torrealbarrana.com

Red Territorio Mudéjar

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